¿Y ahora qué?
Después que allá por el verano, el Presidente Rodríguez anunciara el adelanto de las elecciones a Noviembre, daba la impresión que a medida que se aproximaba la fecha elegida, la expectación y la idea de que un cambio de gobierno iba a cambiar la desastrosa realidad económica en la que se encuentra España de inmediato, iba en aumento hasta alcanzar su cenit el propio día de ir a votar.
Un día de voto en cualquier país que se tenga por demócrata, y más si en ese país para alcanzarla, hubo gente que se quedó en el camino (y no me refiero sólo a los “mártires republicanos” que tanto gustan a los pseudos-artistas y a los miembros de la progresía imperante y con los que tanto nos han bombardeado a través de películas subvencionadas y poco objetivas ,y leyes y asociaciones de Memoria Histórica) debe tenerse por un día de fiesta,celebración y recuerdo.
Esta primera parte se cumplió perfectamente, a pesar de la lluvia del pasado Domingo (solo había que acercarse a cualquier colegio electoral). Pero el propio Domingo se percibía en el ambiente una sensación de que el Lunes siguiente todo iba a ir mejor. Nada más lejos de la realidad.
El recién aterrizado futuro gobierno se puso manos a la obra el mismo Lunes, pero los mercados (como se conoce ahora a todo aquello que nos suena a deuda y especulación) no dieron ni un día de tregua y desde las agencias de calificación ya se están demandando medidas urgentes y drásticas. Bonito pastel el que le queda al nuevo futuro gobierno.
A las agencias se les unió una subasta de deuda para la cual hubo que ofrecer el tipo de interés más alto conocido, como ya pasó en la anterior subasta y como seguramente pase en la sucesivas. Y por supuesto determinados medios que demandaban medidas inmediatas en la misma línea.
No es por justificar a nadie, y es del todo cierto que igual Rajoy podría haber dado mas pistas y ser más concreto a la hora de desgranar su programa económico, pero resulta complicado aplicar medidas sobre una realidad que no conoces. No solo a nivel gubernamental si no a nivel empresarial e incluso en las propias economías domésticas. Y en este momento es lo que Rajoy y su equipo se han encontrado. Desde mi punto de vista, lo primero es saber como están las cuentas (pero de verdad) y a que se enfrenta uno y una vez sabido esto, actuar en consecuencia. Pero en esta realidad actual lo que importa es obtener el máximo beneficio en el menor tiempo posible y sin importar como sea obtenido.
Por no mencionar que el futuro gobierno todavía no asumió sus competencias, que pertenecen al actual Gobierno en funciones, que es el mismo que gobernaba antes del 20-N, y que para que el cambio sea efectivo hay unos plazos que deben ser respetados.
Como decía, bonito pastel y sin tregua aparente. El futuro gobierno va a tener que hacer gala de mucha paciencia y confianza en si mismo, pero no solo el futuro gobierno, también nosotros los ciudadanos. Tengo la impresión que lo peor no ha hecho más que empezar.